Tidstunneln. Bertolt Brecht y la ideología
Hace algunos días se hablaba en la radio de la “ausencia de ideología” que parece caracterizar a las nuevas generaciones. Evidentemente se trata de una falacia como tantas otras que tratan de vender ciertos medios de comunicación para extender el borreguismo. La ideología está presente en cada acto social y político, el mismo hecho de negarla supone una posición ideológica.
Basta con revisar la prensa internacional del pasado lunes para comprender la oleada de radical que subyace bajo esta mal llamada sociedad democrática que a duras penas el imperio del capital continúa haciéndonos digerir.
Cerrar los ojos no nos hará más felices. Antes vivíamos anestesiados bajo la nube del consumo pero ¿qué va a pasar ahora?¿creemos que vamos a permanecer incólumes? Nada nos hace más especiales que Grecia o Portugal. Si a la crisis económica le sumamos la crisis de valores y cultural, como bien vaticinó Brecht, estaremos en manos de toda esa basura que gobierna a golpe de abuso.
"El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. No sabe que el costo de la vida, el precio de los frijoles, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales" (B. Brecht).
Hacía tiempo que no rescatábamos recuerdos dispersos en el túnel del tiempo. La pluma de Brecht fue perseguida por mostrar la verdad. No solo por la Alemania nazi, sino también por McCarthy en Estados Unidos. Pero sus palabras perviven hoy más que nunca.
Río abajo hay arroz,
río arriba la gente necesita el arroz.
Si lo guardamos en los silos,
más caro les saldrá luego el arroz.
Los que arrastran las barcas recibirán aún menos
y tanto más barato será para mí.
Pero ¿qué es el arroz realmente?
¡Yo qué sé lo que es el arroz!
¡Yo qué sé quién lo sabrá!
Yo no sé lo que es el arroz.
No sé más que su precio.
Se acerca el invierno, la gente necesita ropa.
Es preciso, pues, comprar algodón
y no darle salida.
Cuando el frío llegue, encarecerán los vestidos.
Las hilanderías pagan jornales excesivos.
En fin, que hay demasiado algodón.
Pero ¿qué es realmente el algodón?
¡Yo qué sé lo que es el algodón!
¡Yo qué sé quien lo sabrá!
Yo no sé lo que es el algodón.
No sé más que su precio.
El hombre necesita abundante comida
y ello hace que el hombre salga más caro.
Para hacer alimentos se necesitan hombres.
Los cocineros abaratan la comida,
pero la ponen cara los mismos que la comen.
En fin, son demasiado escasos los hombres.
Pero ¿qué es realmente el hombre?
¡Yo qué sé lo que es el hombre!
¡Yo qué sé quien lo sabrá!
Yo no sé lo que es el hombre.
No sé más que su precio.
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