Gervasio Sanchez
Gervasio Sánchez es un periodista y fotógrafo nacido en Córdoba en 1959. Desde 1984 hasta la actualidad, ha cubierto como reportero gráfico muchos conflictos bélicos, entre los que se encuentran las guerras del Golfo, Yugoslavia, Amérida Latina, Sierra Leona y muchos otros.
No necesita más presentación, pues es de sobras conocido. En Tabacalera, hasta el día 10 de Junio, puede visitarse una exposición dedicada a este gran fotógrafo. Una Antología retrospectiva con la muestra de 148 trabajos fotográficos, también publicados en un libro de título homónimo.
Esta exposición se divide en cinco áreas ordenadas de forma cronológica:
- América Latina: 1984-1992. Recorre los países de Salvador, Guatemala o Chile.
- Balcanes: 1991-1999. Se retrata aquí la division de Yugoslavia.
- África: 1994-2004. Presta especial atención a las tragedias de mutilados y niños soldado de los conflictos de Sierra Leona.
- Vidas minadas: 1995-2007. Se recogen en este periodo las historias más escalofriantes de los conflictos europeos.
- Desaparecidos: 1998-2010. Proyecto centrado en las personas desaparecidas durante guerras y dictaduras de alrededor del mundo.
Además de esto, la exposición se compone de 100 retratos ordenados en 8 murales que muestran algunas de las víctimas directas de las realidades documentadas por este fotógrafo.
La comisaria de la exposición, Sandra Balsells, indica que el objetivo de la exposición es “divulgar un legado visual de enorme valor histórico y documental en el que se combina un material prácticamente inédito -obtenido durante sus primeros años de aprendizaje y formación- con fotografías de actualidad ampliamente difundidas y con proyectos documentales realizados a largo plazo que han otorgado una indudable solidez a su obra”.
No es fácil hablar del sentimiento que causan estas fotografías. Ordenadas como si de un paseo se tratara, el paseo que ha realizado Gervasio Sánchez a lo largo de su recorrido profesional hasta hoy, y de su vida. Sin duda, el mejor espacio para exponer estas imágenes: un espacio viejo, de paredes destrozadas y desconchadas, de suelo sin cementar y casi laberíntico, casi sin luz. Las imágenes en esta localización hipnotizan, igual que el fotógrafo quedó hipnotizado al captar esa realidad que nos recuerda el daño que ha hecho y sigue haciendo la humanidad en todo el planeta. Gracias a la atención mostrada a las personas ha sabido captar el sufrimiento de cada uno de ellos, que podemos ver reflejado en sus miradas y gestos. Ha personalizado el sufrimiento poniendo nombre y apellidos a cada una de sus fotografías. No solo eso, sino que en algunos casos, como el de Sierra Leona, volvió varios años después para volver a fotografiar a los niños soldado y mutilados que habían protagonizado sus reportajes. Esto demuestra un gran interés del fotógrafo por los protagonistas de sus imágenes, por las vidas de estas personas que dejó en un país en conflicto. Y esta personificación atraviesa al espectador como una daga afilada, ya que no deja que nada pase desapercibido.
No dejéis de asistir, merece la pena.
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