En el siglo XXI, aún hay gente que piensa que los animales no tienen sentimientos, gente que se divierte corriendo detrás de una manada de toros o viendo a cuatro mamarrachos clavarle cuchillos gigantes hasta que el indefenso animal se desangre, mientras un grupo de fanáticos gritan desde la grada “córtale la oreja”. Como si el pobre animal no hubiera tenido ya suficiente con la agonía y el sufrimiento de esperar a que le llegue el turno de “saltar al ruedo”, eso sí drogado antes, no sea que ataque por sorpresa antes de que el matador (del inglés killer) tenga preparado su disfraz de payaso (como bien apuntó Sita Moki) y sus herramientas de carnicero, que encima haya un puñado de morbosos que exija que se le descuartice en público.
Algo bueno sucedió este domingo pasado, y es que gracias a una muy criticada y, según muchos, oportuna ley se llevó a cabo la última masacre de toros en Catalunya (al menos en lo que a corridas de toros se refiere, ya que no creo que se aplique esta ley a lo que haga cada ganadero en sus tierras). A mí, a pesar de las críticas y los motivo, me dan un poco igual las razones (aunque preferiría que fueran por conciencia) que han llevado a aprobar esta ley, mientras cese esta cruel tradición, que muchos intentan salvaguardar con la excusa de que pertenece a nuestra cultura popular. Pues será de la suya, porque en la mía, matar no está bien, y a mí eso no me lo ha enseñado ningún cura/pastor/sacerdote/monje (o como diría mi amiga Pei Ju: “or whoever”).
Pero volviendo al asunto que motivó mi post. Ayer curioseando imágenes para un curso, encontré algo muy bonito (suena cursi, lo sé, pero cuando lo veáis me daréis la razón): y es que resulta, que en el mundo animal, no incluyo a los humamos por razones obvias, la amistad y el cariño no entienden de razas, sexo, especies ni religión como demuestran aquí Anjana, un chimpancé de dos años y medio, y Mitra y Shiva, dos tigres blancos de 21 días de edad.
Shiva y Mitra, que se encuentran ahora en Institute of Greatly Endangered and Rare Species, en Myrtle Beach, Carolina del Sur, nacieron durante un huracán y tuvieron que ser separados de su mamita después de la inundación que sufrió su santuario. Sin embargo, desde entonces los dos cachorritos tigre han encontrado en Anjana a una madre sustituta. Anjana, que ya tiene experiencia en el cuidado y crianza de animales bebés que pierden a sus padres, ha asumido este papel de mami adoptiva, encantada.
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